Para instalar Scala en nuestro ordenador, lo primero que debemos hacer es dirigirnos a la página oficial scala-lang.org, donde encontraremos la última versión disponible. Si usamos Windows, la forma más sencilla es descargar el instalador con extensión .msi que nos ofrece la web. Este instalador no solo nos proporciona todas las herramientas necesarias, como el intérprete REPL y el compilador scalac, sino que también configura automáticamente el sistema para que podamos ejecutar Scala directamente desde la consola, ya sea el símbolo del sistema clásico o PowerShell. El proceso es tan simple como hacer doble clic en el archivo descargado y seguir los pasos del asistente, que básicamente consiste en ir pulsando “siguiente” hasta completar la instalación. En caso de que algo no funcione a la primera, puede ser necesario reiniciar el equipo para que los cambios surtan efecto.
Si trabajamos en Linux o Mac, la recomendación es aprovechar el gestor de paquetes propio del sistema para agilizar la instalación. Por ejemplo, en distribuciones basadas en Debian o Ubuntu podemos usar apt install scala, en Arch Linux pacman -S scala, y en MacOS brew install scala. Esta vía es mucho más rápida y sencilla, ya que el gestor se encarga de descargar, instalar y configurar todo automáticamente.
Sin embargo, si preferimos instalar Scala manualmente, también es posible. En la página de descargas encontraremos archivos comprimidos en formato .tgz para Mac y Linux. Solo tenemos que descargar el archivo, extraerlo en una carpeta que nos resulte cómoda y acceder a las herramientas que vienen dentro. La estructura que veremos incluye carpetas como bin, doc, lib y man. Para poder ejecutar Scala y scalac desde cualquier lugar en la terminal, es necesario añadir la carpeta bin al PATH del sistema.
En sistemas basados en Unix, como Linux y Mac, esto se hace editando el archivo .bashrc que está en nuestra carpeta de usuario. Al final de ese archivo añadiremos una línea con la siguiente sintaxis:
export PATH=/ruta/a/la/carpeta/scala/bin:$PATH
Por ejemplo, si hemos extraído Scala en el escritorio dentro de una carpeta llamada scala, la línea podría ser:
export PATH=/Users/nuestro_usuario/Desktop/scala/bin:$PATH
Con esto, cada vez que abramos una nueva terminal, el sistema sabrá dónde encontrar los comandos scala y scalac. Es importante guardar los cambios y recargar el archivo .bashrc o abrir una nueva terminal para que la configuración surta efecto.
En el caso de Linux, también podemos encontrar paquetes específicos para nuestra distribución, como archivos .deb para Debian y derivados (Ubuntu, Elementary OS, etc.) o paquetes RPM para distribuciones basadas en Red Hat o Fedora. Estos paquetes facilitan la instalación y configuración, pero si no queremos complicarnos, el gestor de paquetes es la opción más rápida.
Una vez que tengamos Scala instalado y configurado, podemos comprobar que todo funciona correctamente abriendo la consola y ejecutando el comando scala para iniciar el intérprete REPL, o scalac para compilar archivos .scala. Si estos comandos se ejecutan sin problemas, estaremos listos para empezar a programar en Scala.
Así, con estos pasos, tendremos Scala instalado y preparado para usar en Windows, Linux o Mac, ya sea mediante instaladores, gestores de paquetes o instalación manual con configuración del PATH. Esto nos permitirá avanzar con comodidad en el aprendizaje y desarrollo con este lenguaje.